Fomentar un capital humano capacitado y preparado
para desempeñar funciones técnicas, que conozca cómo manejar equipos y
herramientas, que domine sistemas y tecnologías, que controlen los equipos
productivos, para lograr este anhelo se debe empezar a trabajar en la mejora de
la educación inicial, secundaria, técnica y superior. Se debe exigir la
incorporación de una educación que lleve a preparar a los alumnos para los
procesos de innovación tecnológica y desarrollo del aparato productivo, pero
nuestra realidad es diferente pues contamos con una fuerza laboral preparada
inadecuadamente que impiden un mayor
crecimiento económico.
Por tal motivo existen alianzas estratégicas que tienen como objetivo general contribuir a la mayor
competitividad y calidad de la fuerza laboral para el desarrollo económico y la
reducción de la pobreza en el Perú y como objetivo específico reorientar la
formación técnico profesional hacia las demandas del mercado, las necesidades
socioeconómicas y las potencialidades del país.
Lograr ello es un anhelo y pero la realidad no
está muy distante y solo buscaríamos de incorporar
en la educación valores a través de la educación tecnológica, es decir, de
educar para valorar las diversas tecnologías, para evaluar sus efectos, algo
que es condición para hacer posible la participación pública en la evaluación
de tecnologías y superar los prejuicios y tópicos que ya se han señalado,
desbordando las estrechas relaciones criticadas entre el aula-taller de
tecnología y el aula ordinaria, porque lo que se puede aprender en el aula de
tecnología no es sólo a simular los procesos de construcción y desarrollo
tecnológico, sino a simular los procesos para la evaluación de los efectos
sociales de los diversos desarrollos tecnológicos, y a simular los procesos de
participación pública que pueden permitir la democratización de las decisiones
sobre ellos, además, promover en el aula una comprensión mucho más completa de
la actividad tecnológica de nuestro presente.
Difícilmente en la educación
secundaria podrán enseñarse en un aula-taller de tecnología los procesos de
desarrollo de las modernas biotecnologías; sin embargo, no son necesarios
recursos especiales para promover en el aula el debate y la evaluación sobre
las implicaciones sociales y éticas de las mismas. Tampoco será preciso tener
contacto directo ni saber diseñar los complejos procesos industriales que, al
mismo tiempo, producen efectos sobre el desarrollo económico y sobre la capa de
ozono, lo que no impide evaluar en el aula los complicados equilibrios entre
ambos. Se tenga o no contacto con las nuevas tecnologías de la información o la
comunicación, parece imprescindible que una educación completa sobre ellas debe
incorporar lo relativo a sus efectos sobre nuestras formas de vida.
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